El mundo empieza a veces de golpe, sin previo aviso. Te cambian el escenario y de repente ahí te encuentras, fuera de la obra, rebuscando en tu mente la frase de un guión que nunca has conocido.
Berlín empezó con sorpresas y risas, con esa fiebre q te invade cada célula cuando no hay más límite que el cielo; cuando las horas no existen y los relojes sólo tienen la función del ritmo. Y en mitad de esa locura de transiciones, cuando la piel se cubre de experiencias q ni tienes tiempo de digerir ni te empeñas en ello, seamos sinceros, si están ahí será sólo para vivirlas, ya habrá tiempo para el análisis; en mitad de esa locura, la vida se empeñó en ponerme los pies en la tierra, colgar el tiempo en los segunderos y recordarme que nada permanece como desearíamos, y q este viaje sólo dura unos años.
La doblez del tiempo de nuevo, el mismo fin de semana yo descubriendo el Mundo mientras en España se fragmentaba la alegría.
No llegó a congelárseme la sonrisa, pero le dió una nueva perspectiva
(entrada intimista, demasiadas voces en la cabeza, demasiadas horas sin dormir. prometo imágenes germanas, anécdotas hispanohúngaras y por supuesto, palabras a compartir. Que bien esto de encontraros en casa =p)