miércoles, 11 de marzo de 2009

Lluvia


Hoy ha llovido. Empezó anoche, un poco a trompicones, como si las nubes no lo tuvieran muy claro. También llovieron goles en Inglaterra, goles que recibí bendecida por los astros aunque con exclusividad ante el mayoritario infierno que me rodeaba de blanco.
La noche se continuó con cervezas, reencuentros, nuevas caras, mala música, insoportable karaoke. Cuando salí del bar la lluvia no estaba, pero nos encontramos camino de casa y me acompañó silenciosa y titubeante hasta la puerta, cual galán adolescente.
Hoy sí que ha llovido. De forma suave, porque aquí las estridencias se permiten sólo de nocturnidad y arropadas por las victorias o derrotas del Legia (el equipo local) o bien, provocadas por los hispanos erasmus.

Los días pasan, supongo q es su naturaleza, pasar. Yo y mis batallas contra los calendarios.

Hasta esta mañana, hasta q la SER no me ha llenado la cabeza con las noticias matutinas, no me había dado cuenta de la fecha.

Hace cinco años también jugaba el Madrid, ésa vez en casa, también la Copa de Europa (aunque contra el Bayer y con mejor resultado). Fué un 10 de marzo.

Hoy es 11. Estoy a una hora y media de coger las cosas y lanzarme a la conquista de los nervios, los colores, las risas, las ilusiones... todo el mundo puesto en un insignificante balón de fútbol.

Hace cinco años, también llovía.
Hoy llueve.

De nuevo juega el calendario.

Madrid

lunes, 2 de marzo de 2009

Adiós

Mirada de Hielo. Es una frase con la que me he encontrado en multitud de libros. Mirada de hielo. Siempre pensaba en unos ojos azules, opacos. Siempre pensaba en frío, sin compasión, no emociones. Pura racionalidad, ajena a los sentimientos que nos hacen ser humanos.
Con el paso de los años entendí que no era eso. Una mirada de hielo puede describir unos ojos azules inquietantes. Lo entendí cuando pasé horas mirando el hielo de un estanque. Lo inquietante es que bajo esa coraza que vemos, que creemos conocer, que podemos tocar y describir, hay mucho más, hay un submundo de vida que sólo, tras muchas horas, llegamos a apreciar. Y que no se puede conocer si no se alcanza la valentía de romper la superficie, ignorando al hacerlo el peligro de sumergirse en un mundo desconocido. Eso es lo que nos inquieta, y por lo que muchas veces carecemos de coraje: el miedo a entrar tras unas puertas que, desde fuera, siempre reflejan fortaleza, pero que pueden esconder muchas otras cosas. La imagen de la fortaleza siempre reconforta, apacigua nuestras inseguridades. Hay que encontrar valor para desasirse.
Carácter de Hierro. Otra expresión, que siempre me hizo pensar en la inflexibilidad, en la cabezonería. Hasta que un día, en clase de física, me explicaron que hay un tipo de hierro, uno de valiosa calidad, generado al unirse con cierta aleación, fundido bajo el calor y las grandes presiones, que adquiere la capacidad de la maleabilidad. No se merma su resistencia. Al contrario, su fortaleza reside en la capacidad de adaptarse a diferentes formas, contornos, contextos.
Ambas palabras, hielo, hierro, comienzan con h. Con silencio. Porque hay personas que no necesitan de elocuencia para expresarse, basta con pequeñas sonrisas irónicas, leves levantamientos de hombros, o conocidas expresiones (ya se verá) q encierran más matices cuanto más se conoce a la persona que las usa.

Nunca sabré cuánto costó el cristal de la herrería, roto por un balón de fútbol, en la plaza del pueblo.
Me queda pendiente terminar una charla sobre la Guerra Civil.
Hielo. Hierro.
No llegué a romper la superficie, me faltó el valor y las oportunidades.

Cata, te tengo en las entrañas
Os quiero familia